¿En qué momento dejé de ocupar mi propio lugar?
No encontré la respuesta ese día.
Pero esa pregunta cambió mi vida para siempre.
Comprendí que aquella tristeza no había aparecido de repente. Llevaba años acompañándome. Solo que había aprendido a silenciarla llenando cada espacio con responsabilidades y ocupaciones que siempre beneficiaban a alguien más antes que a mí.
Nací en Nicaragua, en medio de la guerra, y desde muy joven aprendí a adaptarme, reconstruirme y empezar de nuevo. Emigré siendo adolescente, viví el divorcio, la experiencia de ser madre soltera y la oportunidad de reconstruir mi vida. Cada una de esas etapas fortaleció mi capacidad para seguir adelante, pero también me enseñó que ser fuerte no significa dejarte para el final.
Decidí no vivir desde el papel de víctima. Elegí recorrer un profundo camino de autoconocimiento, salud mental y conciencia que transformó mi manera de relacionarme conmigo misma y con los demás.
En ese proceso descubrí algo que hoy es la base de todo mi trabajo:
El verdadero cambio no consiste en romper con la vida que construiste. Consiste en dejar de romper contigo mientras la vives.
Fue ahí donde entendí que volver a elegirme no era un acto de egoísmo. Era el acto más honesto que podía tener conmigo.
Hoy, a través de mi libro Hasta aquí llegué sin mí, mi contenido y mis sesiones 1:1, acompaño a mujeres que desean recuperar su identidad, volver a ocupar su lugar y aprender a vivir sin dejarse para el final.
No porque tenga todas las respuestas. Sino porque conozco muy bien las preguntas que muchas mujeres llevan años haciéndose en silencio… y también lo que significa recorrer el camino de regreso a una misma.